lunes, 20 de noviembre de 2017

[Análisis] Super Mario Odyssey



Mario. Siempre Mario. Todavía escucho a día de hoy, sobre todo de boca de muchos "sonyers" (para bien o para mal estoy rodeado de sonyers), esta especie de queja sobre los motivos por los cuales Nintendo triunfa con cada juego de Mario que saca. Por un lado puedo comprenderlo. Es muy complicado tener en lo más alto a un personaje, posiblemente el más icónico de la historia de los videojuegos, durante 35 años, que se dice pronto. De Nintendo yo soy el primero que se queja, pero es indiscutible que ha demostrado ser la única compañía que sabe realmente cuidar sus sagas, renovarse y ofrecer siempre novedades y cambios de registro en sus juegos de personajes clásicos, casi siempre de manera brillante. Como poseedor de una Switch, es de obligado requerimiento poseer Super Mario Odyssey, y analizar por aquí el que para muchos parece ser una obra maestra. Aunque en este sentido tengo mis particulares dudas.


Retomando un poco la primera cuestión del anterior párrafo, muchos se pueden preguntar: ¿Qué es lo que tiene Mario para que se venda tanto y la gente hable tanto de él?. Esto se puede unir al típico comentario tipo "si son todos los Marios iguales", "es siempre lo mismo"... Ante lo cual tengo que aclarar que, primero y para empezar, quien diga eso es que no ha jugado a Mario en su vida; y posteriormente aclarar que la clave del éxito de Mario radica en que ha sabido adaptarse a los tiempos que corren en cada instante. No se ha estancado, ni ha decepcionado de manera pésima (salvo experimentos muy extraños y casi desconocidos, como aquellos juegos en formato CD-i). Ha sido y es uno de los máximos referentes a tener en cuenta en el género de las plataformas, llegando a revolucionar la industria con aquel Super Mario 64 de 1996. Hasta aquel entonces no se había visto nada igual. Ni gráfica ni jugablemente. Pasar de los plataformas de 16 bits a esto fue todo un shock.

Super Mario Odyssey toma esa senda marcada por 64, adaptándola a los tiempos actuales y ajustando la jugabilidad a los particulares controles de Switch de una manera espectacular. Se podría decir, a grandes rasgos, que estamos ante una especie de secuela de Mario 64. Teniendo en cuenta que el juego del 96 está considerado uno de los mejores de todos los tiempos, pues podéis ir pensando muy acertadamente de que podemos estar ante otro gran juego. Y por suerte puedo confirmar que así es. Nintendo ha vuelto a dar en la tecla, otra vez más. Reformula el concepto de mundos a explorar, como en N64, pero dando más amplitud y dejando al jugador una libertad de acción de la que muy pocos juegos pueden presumir. Pero cuando hablo de libertad de acción no me refiero a que te suelten en un mapeado gigantesco en el cual puedas perderte sin saber muy bien qué hacer, exceptuando las misiones marcadas.

Reino de las Arenas. Uno de los que más energilunas tiene y de los más divertidos de jugar.

El juego te propone que uses tu imaginación y tu curiosidad. Si no eres capaz de llegar a algún sitio o crees que realizando tal cosa, por inverosímil que sea, vas a conseguir tu objetivo... ¡prueba!. Igual esa descabellada idea que se te ha pasado por la cabeza tiene cabida en el juego. Es esa sorpresa contínua, esa recompensa casi segura de haber explorado algún rincón o haber probado algún método para acceder a ese sitio que parecía imposible, es lo que hace de Super Mario Odyssey todo un señor juego. Se podría decir, y ahora algunos se me echan al cuello, que es la antítesis de Uncharted o The Last of Us. Siento la comparación, pero me parece que viene al hilo si empezamos a hablar de qué es lo que define la jugabilidad hoy día. Y es que... ¿de qué me sirve vivir una experiencia cinematográfica de infarto si jugablemente me aburro?. Que conste que el guión propuesto en Odyssey no tiene nada. Lo típico de siempre: Bowser secuestra a la princesa Peach y Mario va al rescate. Pero eso es lo de menos, porque lo que importa es el camino que se recorre hasta ese objetivo, que es la salsa del juego.

Más que salvar a la princesa, lo que nos va a traer de cabeza es conseguir las Energilunas. Si hace 20 años teníamos que ir en busca de estrellas en los mapas, ahora buscamos lunas para añadirlas como combustible a la nave de Mario en forma de sombrero de copa: la Odyssey. Con las estrellas, al conseguir una, salíamos autómaticamente del mapa. Ahora podemos ir recogiendo las lunas acumulándolas hasta que no encontremos más. Y la cifra ha aumentado de 120 estrellas a 999 energilunas. ¡999!. Hay diversión garantizada para rato. Primero el juego nos propone ir a lo directo, es decir, acabar la historia principal. Me parece una idea bastante acertada, ya que conforme avanzamos y descubrimos nuevos mundos, nos acostumbraremos a las mecánicas y movimientos de Mario con su nuevo compañero: Cappy. El uso de la gorra de Mario será, en muchas ocasiones, de vital importancia. Incluso nos puede salvar la vida ante una caída mortal.

Carreras de Koopas. Difíciles pero si estudias el terreno y le echas pillería puedes ganarlas sin muchos problemas.

Podremos lanzar a Cappy para matar enemigos, saltar sobre ella, recoger monedas y realizar acrobacias que nos sirvan para llegar a sitios que con los saltos habituales de Mario serían imposibles de alcanzar. Pero lo mejor de Cappy es poder lanzarla y transformarnos en los enemigos de Mario. Koopas, Goombas, ranas, tanques... hasta dinosaurios. En un derroche de imaginación que vuelve a impresionarnos, el juego nos invita a lanzar nuestra gorra a cualquier cosa que se nos ocurra que podamos poseer. Incluídos objetos inertes. Cada personaje tiene sus habilidades, que nos servirán, aplicando un poco de ingenio y casi pillería, para acceder a sitios remotos en busca de energilunas. Hasta podremos combinar el uso entre unos y otros para poder avanzar, dejando de poseer uno a medio camino, por ejemplo, para seguir con otro. Cappy también nos informará de si, al repetir algún nivel, queda algo por descubrir o no. Aunque habrá energilunas realmente jodidas de conseguir, por mucha información que nos dé el juego (Cappy, Toads, Cotorrete...).

Como hemos comentado, lo suyo es acabarse el modo historia que, sinceramente, me ha parecido excesivamente corto. Eso puede dar a confusión en algunos jugadores, porque la diversión comienza justo después de eso. Esto es así, aunque tampoco puedo dejar de lado un par de momentos increíblemente buenos en el modo historia. Sobre todo ese inolvidable homenaje que se hacen en cierta fase del mundo urbano. Casi se me saltan las lágrimas, en serio. Sólo es apto para quienes nos hemos "criado" con Mario. Una maravilla que hace de por sí sola la justificación de compra del juego. Si nos hemos encontrado sopresas en la historia principal, tenéis que saber que sólo es la punta del iceberg. Después nos queda ir completando, si queremos, todas las fases, pudiendo viajar en cualquier momento de un mundo a otro en busca de las casi 1000 lunas que hay en todo el juego. Nos esperan carreras de Koopas, niveles especiales de plataformas, disfraces, mini-juegos buenísimos, guiños a los Marios de 8 bits, zonas nuevas ocultas... Toda la artillería jugable que nos hará estar jugando días y días.

Letra del tema principal con la traducción al español. Vídeo sin spoilers.

Es tan grande la jugabilidad de Odyssey que te hacen pasar por alto las partes negativas del juego. Que jugablemente sea una delicia no impide decir claramente que en el tema técnico la cosa podría ser mejorable. Gráficamente cumple muy bien y de nuevo Mario cuenta con un acabado buenísimo, con más animaciones y movimientos. El juego se mueve con total fluidez a 1080p y 60fps, con alguna rascada, muy muy puntual y casi imperceptible. Todo luce muy bien, pero algunas texturas son de muy baja calidad y afean un poco el conjunto total. Al menos los tiempos de carga entre un mundo y otro están muy bien optimizados. El sonido también lo veo mejorable. Algunas melodías son pegadizas, y las retro son un puntazo. Por supuesto hay que contar con la canción principal que, por primera vez tiene voz humana. Pero noto que le falta alguna composición más que se me meta en el oído. Le falta un poquito más de épica. También la cámara nos va a dar algún que otro disgusto, ya que en ocasiones hay que estar constantemente reajustándola. En momentos que exigen precisión en los saltos, nos puede ocasionar una jugarreta.

Es por esto que me cuesta un poco conceder de manera particular el título de obra maestra a Super Mario Odyssey. Que es un juego sobresaliente, de eso no hay duda. Obra maestra... no sé. Casi casi, pero bajo mi punto de vista no llega por poquito. Lo he disfrutado como nunca y me parece de lo mejor de 2017. Pero echo de menos alguna cosita más. Me gustaría que los disfraces hubiesen tenido alguna utilidad tipo mejorar saltos u otras habilidades. No por simple estética o para entrar en ciertos lugares. Esto se suma a mis quejas del anterior párrafo que, si bien son pequeños lunares sin demasiada importancia, me parecen lo suficientemente relevantes como para no catalogar a este juego como obra maestra. Insisto, me parece un juegazo descomunal, me lo he pasado de lujo jugando a esta maravilla, pero siento que le falta alguna cosita más para darle un 10 total. Hoy día no sé muy bien lo que es. Igual con el paso del tiempo seré más consciente de que sí, puede que esté ante una obra maestra y no me haya percatado. ¿Juego imprescindible? Sin ninguna duda. ¿Obra maestra? En mi opinión no lo es por muy poquito, pero comprendo muy bien los motivos de quienes lo tachen como tal.

NOTA: 9,6.


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