jueves, 11 de mayo de 2017

The Last Guardian: Análisis



Si hay un dichoso "sanbenito" que aún hoy día sigue retumbando en los oídos de muchos jugadores, es la negativa en admitir que esto de desarrollar videojuegos es un auténtico arte. Leo en algunos sitios, redes sociales y foros, en forma de queja, a algunos usuarios lamentando tiempos mejores en generaciones pasadas. Algo así como que los videojuegos ya no son lo que eran. En mi caso no suelo estar de acuerdo con ellos. Pues por mucho ruido que hagan, no todo son tiros ni sandboxes donde hacer el ganso. Y genios como Fumito Ueda me sirven de base para defender precisamente eso: el arte en los videojuegos. Porque este señor se ha empeñado, para alegría de todos, en ofrecer siempre el lado más emotivo y/o emocional que un videojuego es capaz de mostrar. The Last Guardian cierra una trilogía de juegos extraordinaria, y que vamos a analizar, en este caso como análisis complementario, o alternavito, como lo queramos ver, del publicado en Not For Casuals, el cual recomiendo leer encarecidamente.


Antes de nada quiero dejar claro que es la primera vez que analizo un juego de Ueda. Nunca lo había hecho y tenía muchas ganas de poder escribir algo así. Era algo que tenía un poco como "espina clavada", ya que me parece algo más complicado de lo normal tratar de exponer con palabras lo que destilan los juegos de este calibre. The Last Guardian viene, como casi todos sabemos, con la losa en la espalda de haber sido un juego con un desarrollo problemático. 10 años no es, ni por asomo, un tiempo normal para realizar un juego, sea de la temática que sea. En principio iba a ser para PS3, pero Fumito parecía insistir en alcanzar un nivel de perfección en la IA que no era capaz de conseguir. Y eso que el chip Cell nos lo vendió Sony como algo infinitamente extraordinario capaz de todo. Algo pasó, algo muy malo, para que sufriera un retraso tal, para cambiar de generación. Pero no vamos a profundizar más en esto y nos vamos a centrar en lo que es el juego en sí.

Para empezar tengo que ser sincero: no me llevé una buena impresión inicial con The Last Guardian. Es posible que mis expectativas fueran demasiado altas. Aunque ahora lo mire con diferente perspectiva, los inicios del juego me parecieron muy poco alentadores. Lo que quiero decir es que me ha costado más de lo que pensaba en la inmersión de esta propuesta de Ueda, que vendría a unificar conceptos mostrados en sus anteriores dos obras: ICO y Shadow of the Colossus. Lo primero que me planteó mis primeras preocupaciones fueron los gráficos. Los primeros compases del juego muestran un apartado técnico que puede espantar a más de uno. Sí, no es justo hablar de esto en un juego como éste, pero esto es así. Y, aunque actualicemos el juego con un parche que pesa cerca de 1 giga, el rendimiento no mejora demasiado. El framerate cae de vez en cuando y la cámara llega a ser una verdadera tortura.

El nivel artístico vuelve a ser una maravilla.

La cuestión de la cámara es lo que más me ha frustrado, más allá del tema gráfico que, a pesar de sus carencias, más o menos me lo esperaba, y, todo hay que decirlo, mejora conforme avanzamos. A esto hay que sumarle el control del muchacho a la hora de subirnos a lomos de Trico, esta mezcla extraña entre gato y ave con comportamiento perruno. No hará falta dejar pulsado un botón para trepar por su cuerpo, como hacíamos en Shadow of the Colossus para trepar por los titanes, pero lo que parecía una ventaja se convierte muchas veces en todo lo contrario. No ha sido buena idea dejar que el chaval se agarre automáticamente, porque él solo decide cuándo quedarse de pie sin agarrarse. Nos caeremos en más de una ocasión por este defecto. Un "truco", por así decirlo, para evitar caídas, puede ser el acariciar a Trico mientras salta, o momentos antes del salto.

Pero que nadie se engañe. Estos defectos jugables pasan totalmente desapercibidos en el momento que entramos en la "magia" de lo que The Last Guardian quiere plasmar. A poco que seas una persona con un mínimo de sensibilidad, de manera pausada pero constante, el juego te va a ir atrapando en su mundo y su concepto basado en la ayuda mútua entre el niño y la bestia. Además es un regalo, en prácticamente todos los sentidos, para quienes hemos jugado a las otras dos obras mencionadas de Ueda. Uno tiene la sensación de haber estado allí. Se nota como una especie de pequeño dèjávu, pero de la manera más positiva y reconfortante posible. Ese mundo de ruinas gigantescas, de un pasado que esconde incógnitas que se quedan en el aire. Una ambientación y un diseño artístico cautivador. Casi sobrecogedor, debido a la amplitud de los escenarios y sus imponentes edificaciones. Es una conexión, obivamente realizada a propósito, hacia aquellos lugares que jugamos y nos maravillamos, tanto en ICO como en Shadow of the Colossus.

El juego nos plantea un recorrido que no cesa en plantearnos impedimientos para poder avanzar. Más que un juego que ofrece puzles, se podría decir mejor que es un juego de exploración en todos los sentidos. Porque más allá de descubrir qué palanca hay que activar para abrir qué puerta, el gran asunto consiste en compenetrarnos con Trico. Y es ahí donde el juego ofrece algo que, si no me equivoco, no se había visto antes en ningún juego. El comportamiento de Trico es lo más complejo que se ha visto jamás en un animal de un videojuego. Es realmente soprendente cómo actúa y se comporta. Dependiendo de cómo nos las apañemos y de lo que necesitemos a Trico, éste se comportará de una manera u otra. Es decir, si somos más afines a él (muchas caricias, mucha atención...), nos va a facilitar las cosas a la hora de ordenarle que realice una acción u otra. Una especie de curva de aprendizaje que hace muy accesible The Last Guardian a cualquier tipo de jugador.

El contacto físico será algo fundamental, de nuevo, en un juego de Fumito Ueda.

Si te ves atrapado y por mucho que pienses o busques, no hay salida, es cuestión de tener paciencia y observar al propio Trico. Él nos puede indicar y sacar de muchos problemas que plantea el juego. Esa sería la esencia jugable: la ayuda mutua entre ambos para salir de cualquier situación. Hay que saber degustar este planteamiento tan especial. Hay que tomárselo con calma, observar a tu alrededor, observar a Trico... The Last Guardian ofrece eso, por si alguno se creía que la cosa iba a ir más por los fueros de Shadow of the Colossus, mucho más directos y de otra índole jugable. Por suerte, Ueda ha sabido dar una nueva vuelta de tuerca en la interacción de sus mundos particulares, lo que hace de este juego otra obra, dentro de ese mismo universo, singular y para tenerla en cuenta aparte. También sabe muy bien cómo tocar la fibra sensible. Este juego es un canto a la esperanza, a la amistad y a la lealtad. Que dos personajes en un videojuego logren ese estado de complicidad sin diálogos es algo extraordinario.

Trico se convierte en un icono de la historia del videojuego, tanto por ser como es, como por ese "ending" que se nos quedará grabado en nuestra memoria para siempre (y del que por cierto, hay mucha especulación por las redes...). El caso es que uno se reconforta de una manera fantástica al completar The Last Guardian. Es imposible no encariñarse con Trico y toda la historia que concurre en el juego. Sencillamente impresionante. No lo puedo describir mejor. Fumito Ueda lo ha vuelto a hacer. Lástima que las ventas no acompañen. Por apenas unos 20€ ya está el juego en las tiendas. Una gran oportunidad para hacerse de él si tienes una PS4. Es un imprescindible de su catálogo y uno de los mejores juegos de la actual generación. Eso sí, sigue sin ser un juego para todos los públicos. Si no se tiene cierto grado de madurez mental, no creo que se logre captar su grandeza. Por eso algunos jugadores jóvenes no sabrán apreciar esta obra, y se quedarán en lo superficial: cámara y gráficos... algo, por cierto, de lo que yo mismo también me he quejado. Pero, y vuelvo a insistir, quedarse en eso no es justo.

Mi copia del juego. Fue un regalo de reyes. Reservaron el juego y vino con esa mochila de regalo.

Sé lo que algunos pueden pensar. Que porque lo haya jugado y me guste le tiene que gustar a lo demás y que lo pongo por las nubes por x motivos, que me paso de melancólico o tal... para nada. El juego es lo que es. Quien sepa apreciarlo va a disfrutar y a emocionarse a unos niveles extraordinarios. El que no vea lo grande que es este juego, pues le invito a que se lo guarde, espere a que pase el tiempo y lo vuelva a jugar. Es cuestión de perspectiva y predisposición, como para casi cualquier cosa de esta vida. Para apreciar The Last Guardian tienes que prepararte para ir con calma y valorar todo lo que el juego ofrece. Ser paciente e ir descubriendo todo lo que el juego te propone. Para mí es un juego de 10, una auténtica obra maestra sólo posible en la mente de un genio que se va a convertir en leyenda, como es Fumito Ueda. Por último sólo me queda dar las gracias. Gracias Fumito, por hacerme cómplice emocional de tus obras. Ha sido un placer, tanto con ICO, como con Shadow of the Colossus y ahora The Last Guardian. Ojalá en el futuro vuelvas con otra gran historia, otra gran obra que logre cautivarnos como lo has hecho hasta ahora. En este mundillo de "callofdutys" y "gtas", es formidable, siempre, recibir este tipo de juegos. Inolvidable. Imprescindible.

NOTA: 9.8.

1 comentario:

  1. Excelente;

    Como bien dices, es un reto analizar un juego de Ueda pero no deja de ser reconfortante. Es como intentar valorar una canción no solo por su calidad musical si no también por lo que te remueve dentro.

    Para mi sus experiencias (mejor no dejarlo en algo tan simple como “juegos”) son toda una revelación.

    ResponderEliminar