domingo, 3 de julio de 2016

30 años de NES. Mi visión particular.



En un par de meses se van a cumplir, exactamente, 30 años de la aparición de la Nintendo NES por Europa. Un lunes 1 de septiembre de 1986 aterrizaba en nuestra zona la consola de 8 bits que vino a suponer un cambio de rumbo totalmente imprescindible en el sector, que nos ha llevado a día de hoy, generación tras generación de consolas, a establecer un entretenimiento como es el de los videojuegos, como una industria gigantesca y una forma de ocio aceptada (por fin, aunque todavía queda mucho ignorante por desgracia) en prácticamente todos los ámbitos sociales. Porque a ver quien es el guapo que admite no haber jugado tan siquiera, a Angry Birds o cuaquier cutre-juego de puzles en su móvil. Si no hubiera sido por Nintendo, igual no estaríamos hoy día donde estamos.


Los inicios de los 80 fueron muy duros para un sector que estaba todavía muy en pañales. La famosa crisis del 83, con Atari con parte de culpa, hizo descender la popularidad de los videojuegos hasta niveles increíbles. En Nintendo no estaban dispuestos a renunciar a su su proyecto de 8 bits de ninguna manera. Por eso supieron dar una vuelta de tuerca para poder "colar" su NES (Famicon llamada en Japón) de cualquier manera posible. La estrategia fue venderla como un juguete, no como una consola de videojuegos. En Europa tomaron la decisión acertada de cambiar el modelo por algo que no se parecía precisamente a una consola. Se parecía más bien a una especie de reproductor de vídeo, que era lo que se llevaba en la época para ver películas en casa.

De ahí que el diseño nos ofreciera un panel frontal que se abría para meter el cartucho de manera horizontal. Exactamene igual que lo hacíamos con las cintas de vídeo VHS. Y el truco coló. Sin ninguna duda. El resto, como sabéis es historia y más historia. No voy a proseguir contando lo que todos ya sabemos (y si no sabemos, googleando y wikipeando un poco nos vamos informando). Esto es tan sólo un punto de partida para situarnos en aquella época y cómo lo vivimos cada uno. En mi caso particular me pilló todo esto con una edad muy tempranera. Sobre el año 89 ó 90, no puedo especificarlo con total exactitud, yo era un criajo con 9 ó 10 años que vio por primera vez una consola en casa de un familiar. Era un clon de la Atari 2600 y lo que allí experimenté cambió mi vida.



Hasta aquel momento lo que más me había acercado a este mundillo era a las salas recreativas. Niños y no tan niños iban a estos locales a jugar a las máquinas, echar unos billares o unas partidas al futbolín. Era con lo que nos entreteníamos al salir los fines de semana, antes de que nos llegara la edad "borrachuza" de pubs y discotecas. El caso es que aquello me fascinaba. Tenían en casa una máquina con un montón de juegos (aquellos clones de Atari traían varios juegos grabados en memoria) y me sorprendió cómo jugaba con un joystick que era muy similar al de una máquina recreativa. No sé qué es lo que tenía en mente antes de eso para regalo de Reyes, pero ya sabía qué pedirme.

Cayó un clon de Atari 2600 Junior que me duró un par de años, pues era de materiales más bien malos, y los joysticks se rompían con bastante fragilidad. Así que me lo propuse: tengo que pasarme a la Nintendo, como me vendian los anuncios de la tele. Llegaba tarde a esa generación, pues ya costaba la consola unas 10.000 pesestas, y la generación de 16 bits ya se estaba asentando. Pero yo ni entendía de bits, ni generaciones, ni nada. Primos, tíos y amigos se estaban agenciando de clones de NES (NASA, Yess...) y a mí se me caía la baba cada vez que jugaba en sus casas al juego de los patos (Duck Hunt) o esas versiones piratas de Super Mario Bros que no llegaban a ninguna parte. Pero yo no quería clones, yo quería la Nintendo "Nintendo".

Pero quererlo no fue suficiente. Me han criado a fuego con la consigna "si algo quieres algo te cuesta", así que empecé a ahorrar durante meses hasta que por fin reuní el dinero necesario para hacerme con mi flamante NES más el Super Mario Bros. Aquello era ciencia-ficción. En mi casa jugando al Mario como si tal cosa. Pero eso sólo fue el principio. Los videoclubs andaban totalmente en auge en aquella época y, aunque no todos, algunos también ofrecierona la opción de alquilar cartuchos. De ahí que pude probar tantos juegos, porque eso de comprarlos, era otra odisea. Alquilaba, intercambiaba juegos con amigos y hacía, cuando podía, una especie de "trueque-compra" que permitía un videoclub muy famoso en mi cuidad.



Por 1.500 pesetas más tu juego (daba igual como estuviera el juego, con sin caja...) te traías otro para tu casa, completo, ¡completo!. Con su caja, instrucciones y todo. No me quiero ni imaginar la de veces que trapicheé con esta cuestión. Desde petardazos como Captain Planet hasta juegos muy míticos, como Battletoads o Ufouria. Veo ahora por los mercadillos físicos y digitales, a "cómo" salen ahora estos... y alucino que tantas joyas hayan pasado por mis manos. Mi NES aguantó mucho, muchísimo. Posiblemente es la consola, junto a PS2, que más caña le he dado. Y funcionaría a estas alturas igual de bien, si no hubiera sido tan descuidado de guardarla en un lugar lleno de humedades. Funciona, pero tiene la PPU dañada y los gráficos no se muestran bien. Por suerte tengo otra que adquirí hace unos años.

Me quedan muchos gratos recuerdos. Recuerdo pasarme el Super Mario Bros 1, con y sin trucos de tuberías. El 3 del tirón, sin uso de flautas (lo que descansé ese día...). Descubrí por accidente un truco en Battletoads (tenías que estrellarte en cierto punto con la moto), en la famosa y extremadamente complicada fase de las motos, que te teletransportaba a otra fase muy chunga: la de las serpientes gigantes. Flipé con Batman. Flipé el triple con Batman Return of the Joker. Los gráficos de Sword Master me quitaron el hipo (y su dificultad). Ufouria me pareció maravilloso. No paré hasta acabar con Mr. Dream en Punch Out. Aluciné salvando a Dino en Los Picapiedra. Y controlando a Gizmo en Gremlins 2. A Nemo (The Dream Master) en su aventura de sueños. Double Dragon era la reostia. Ninja Gaiden (Shadow Warriors) la mega-reostia...

Zelda sin embargo me aburría. Así como las aventuras de Simon Belmont en Castlevania II. Me perdí sin remedio en un juego de Star Wars que ni recuerdo su nombre. Horrorizado me quedé jugando a Die Hard. Nunca entendí el éxito de un juego como Metroid, me desesperaban sus saltos. Nunca tuve la suerte de probar ese Kirby de NES. El Club Nintendo me denegaba un libro de guías porque llegué demasiado tarde, aunque creyeron compersarme con un paquete de pegatinas (todavía conservo la carta). En fin, toda una odisea pegado a mi NES hasta que de ahí pasé al PC, allá por el 96. Es por eso que me perdí buena parte de la generación de 16 bits, y parte de la de 32. Lo siento, pero ir con una Voodoo2 o cualquier otra tarjeta 3DFX lo superaba todo en aquella época. Ya con Dreamcast y PS2 volví poco a poco al mundo consolero.



Al final, me acordé de ella, de mi NES. Ya con unos años más con la cabeza algo más asentada, la recuperé, le quité las toneladas de polvo que tenía, y rescaté como pude los pocos cartuchos que he conservado hasta el día de hoy. Y no paro de pensar en todas esas joyas impresionantes que han pasado por mis manos (algunas valen cientos de euros...), y que no supe valorar en su momento. Por eso lo he ido arreglando poco a poco, completando (todavía quedan algunos) mi colección particular de juegos de NES. No quiero coleccionar juegos de NES porque sí. Sólo aquellos que me segregan endorfina en mi cerebro, con el tan sólo hecho de tenerlo en mis manos, y recordar aquellos maravillosos años, con mis hermanos, con mis primos, con mis amigos, donde la ilusión estaba todavía intacta y se disfrutaba de cada juego, por bueno o malo que fuera.

Pinchad en los subtítulos para ver el título de cada juego.

Por todo esto no voy a felicitar a Nintendo, ni a NES. Como mucho darles las gracias por ofrecernos un producto como aquel. Hay que felicitar a todos aquellos usuarios que, desde hace 30 años, disfrutaron de estas mismas sensaciones, y tuvieron la gran suerte de vivir aquella generación de consolas, del momento, y de las gentes. Tan maravilloso como irrepetible.

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