sábado, 13 de febrero de 2016

Ya soy poseedor del peor videojuego de la historia



Unos por buenos o muy buenos, otros por malos... pero rematadamente malos. Tan malos que entran en el olimpo de la leyenda. Hablo de los juegos que son un truño, un fiasco, una gran decepción, los que son infumables, los que deseperan al más paciente de lo mal hecho que está. La mayor leyenda en este grupo es, con toda probabilidad, E.T. El Extraterrestre de Atari 2600. Había visto muchos vídeos y retro-reviews de este mito de la historia del videojuego, pero por fin, puedo decir desde ya que el cartucho original está en mi poder.


Lo confieso, le tenía ganas. Es uno de estos caprichos tontos de este mundo nuestro tan particular, como es el de los "gamers". Disfruté mucho en su día de Atari 2600. O mejor dicho, un clon de estos que se vendían en bazares y algunas tiendas de electrónica de finales de los 80. Es más, con ese clon es como me introduje en todo esto de las consolas y juegos. Hasta entonces, sólo me llamaban la atención algunas recreativas, y poco más. Estos clones venían con una memoria interna llena de juegos que se podían elegir usando un botón de la propia consola.

Jugué a muchos juegos de Atari, pero nunca he tenido el placer de probar el que es, no sé si llamarlo así, buque insignia negativo de la consola. E.T. tiene toda una leyenda detrás, que muchos ya conocéis de sobra. Para los más despistados, a groso modo, el juego fue un fracaso descomunal. Se programó en apenas mes y medio, a toda pastilla y pensando sólo en los beneficios. Los usuarios montaron en cólera, voceando críticas extremadamente duras y realizando devoluciones en masa. Aquello que iba a ser un "fast food" económico que iba a llenar las arcas de Atari, se convirtió en una pesadilla que no sólo hizo tambalear a la compañía, sino a todo un sector del videojuego que cayó en una crisis tremenda allá por 1983.

Se supone que esta es la prueba de que la leyenda era cierta.
Un cartucho, otro dentro de la caja y... ¿Centipede?

E.T. de Atari 2600 tuvo cierta parte de culpa de aquella crisis. Atari decidió acabar con aquel marrón con una decisión que, a día de hoy, sigue sonando estrambólica: enterrar todas las copias que poseían en Alamogordo (Nuevo México). Pero 1983 no es 2016, y aquellas cosas no se podían verificar con la relativa facilidad que tienen los periodistas hoy día. Con lo que todo aquello quedó como leyenda urbana, al no poder contrastar datos con hechos demostrables. Posiblemente era la leyenda más relevante, junto a la de Polybius. Pero en Abril de 2014 tres empresas sumaron esfuerzos en desenterrar aquello: Lightbox Interactive, Fuel Industries y Microsoft. Y lograron desenterrar dicha leyenda.





Allí estaban. Con sus cajas y todo. Y algún juego de Centipede, algo que dejó descolocado a más de uno, porque se suponía que ese juego no pintaba nada ahí. Por lo que se ve Atari en su locura por enterrarlo todo cuanto antes, se le fue algo la mano. ¿Cosas de los nervios, quizás?. Esta sería la historia que rodea a E.T. de Atari. Como podéis imaginar, un cartucho de esos desenterrados valen una fortuna. Sólo por su historia hay gente que estará dispuesta a pagar miles de euros. En mi caso he obtenido un cartucho normal de los que se pusieron a la venta y que no fue enterrado por nadie, obviamente. Es una especie de espinita que llevaba clavada, pues como poseedor de una Atari 2600 y dos clones en la actualidad, se me echaba en fatla tener ese cartucho tan mítico, por malo que fuera el juego.

Y sí, lo es. Malo con ganas. Es una de las mayores aberraciones que ha visto el sector en la historia, y con diferencia. Es un caos de juego. La pantalla cambia de una fase a otra sin venir a cuento, nos caemos constantemente, queriendo y sin querer, en agujeros del mapa. Cada dos por tres aparece un personaje que corre mucho más que nuestro extraterrestre y nos lleva a una especie de cárcel. Se supone que debemos recoger piezas de teléfonos o teléfonos... o qué se yo. No sé, no he entendido nada de nada. Cada paso que damos el contador de vida va bajando, y si llegamos a cero, aparece Elliot y nos resucita.

La pantalla de inicio, con su musiquita de la BSO de la película.

Mi cartucho. Pero qué orgulloso estoy, jiji.


Eso sí, no empezamos con 9.999 toques/pasos, sino con 1.500. Es mejor idea pulsar RESET en la consola a que nos ayude el bueno de Elliot. Y... ya está. Al rato, no sé, unos 10 minutos, empiezas a desesperarte sin saber que hacer. Te entran ganas de coger el joystick y tirarlo contra la tele de tubo. Lo único medio bueno es la pantalla principal, con la musiquilla de la película. El resto es un desastre que no hay por donde cogerlo. No sé si es el peor juego de la historia, porque hay millones de juegos y es imposible jugarlos a todos. Pero que es de lo peor que ha pasado por mis manos, eso seguro.

Pero ya me he pegado el gustazo de probarlo por mí mismo en mi Atari 2600. Creo que como jugadores debemos realizar ciertas cosas en la medida de nuestras posibilidades. Algún día espero poder ir a Los Ángeles a presenciar un E3. O ir a Tokio y perderme por sus tiendas retro... Eso está hoy algo complicado. De momento ya he cumplido algo que tenía pendiente: Jugar al cartucho de E.T. El Extraterrestre, el considerado peor juego de la historia, en una Atari (en tele de tubo y tal, nada de emuladores ni rollos de esos). Misión cumplida.

2 comentarios:

  1. Eres el poseedor de un trozo de historia, de eso no hay duda ;)

    Y menos mal que no tenias uno de esos “enterrados”. Dudo que a estas alturas ninguno de esos funcionará.. aunque las cosas de antes estaban hechas para durar, asi que vaya usted a saber….

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  2. Leí en su momento que no es nada descabellado que los cartuchos funcionasen. Salvo que estuvieran espachurrados por la presión, las condiciones del lugar hacen muy viable el funcionamiento de los cartuchos. Por lo visto hay muy poca humedad en esa zona de Nuevo México, por lo que el estado de conservación puede ser muy bueno y completamente funcional.

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