miércoles, 8 de abril de 2015

The Order: 1886 y los palos recibidos


Tras completar este esperado título exclusivo de PS4, trato de comprender no sólo los motivos por los cuales The Order: 1886 ha sido machacado por la crítica en general. Una vez jugado de principio a fin las sensaciones que deja el juego son, cuanto menos, desconcertantes. Eso sí, te haya gustado en mayor o menor medida, lo que sí está claro es que no ha sido el bombazo que en principio iba a ser. O al menos eso es lo que se esperaba.


Para empezar me surgen varias preguntas. La primera de ellas es una que seguro la gran mayoría de jugadores que lo han probado se harán: ¿Qué es The Order:1886?. ¿Una a aventura interactiva? ¿Un shooter en tercera persona? ¿QTEs más infiltración, más toques plataformeros?. Y es que es complicado encajar en un estilo definido lo que ofrece este título de Ready at Down. Porque resulta que es todo lo que acabamos de preguntar, pero sin decantarse de manera absoluta por una de esas vías. Es por eso que veo comprensible el enfado de muchos jugadores al preconcebir la idea de que estábamos, por ejemplo, ante un TPS que bebía de Gears of War.

Precisamente ese juego de Epic tiene mucho que ver en todo lo que le ha ocurrido a The Order: 1886. Se estaban produciendo paralelismos entre lo que Gears of War supuso para Xbox 360 hace ya algunos años y con el catálogo de juegos de PS4 en la actualidad. La primera aventura de Marcus Fenix supuso un golpe sobre la mesa de la máquina de Microsoft. Por fin apareció un juego que estaba a la altura de lo que se esperaba en la pasada generación. No sólo sus geniales gráficos ayudaron a ello. Supuso el punto de partida en lo que podríamos definir como "estándares de calidad", que hasta ese momento no se había producido.


Justamente eso era lo que se esperaba de The Order. El juego que se supone iba a ser un punto de inflexión en la actual generación de consolas, ha pecado un poco de lo que fue Ryse en Xbox One. Gráficamente es un portento descomunal. Tanto es así que estoy por decir que es lo mejor que he visto en mi vida en una consola de sobremesa. The Order, ahora mismo, es el juego con mejores gráficos que yo al menos he visto jamás en consolas. Y eso que estoy acostumbrado a las burradas de las versiones de PC en modos altos-ultra. El problema es que eso parece ser lo único verdaderamente reseñable.

Si bien el juego es un gustazo para la vista, los problemas empiezan desde el primer capítulo del juego. La historia tarda mucho, muchísimo en arrancar. Y para cuando se pone interesante, nos da con la puerta en las narices. Los personajes denotan muy poca personalidad, incluyendo el doblaje que, sin ser de mala calidad, parece no entonar con lo que se espera de ellos. El juego intenta ser lo más variado posible, y en ese sentido logra sorprendernos con distintas acciones que a veces nos pilla desprevenidos. Me refiero a los QTEs, zonas de saltos tipo Prince of Persia, o las (escasísimas, por cierto) refriegas contra humanos y ¿licántropos?. Y es que quien mucho abarca poco aprieta.

No queda muy claro contra quién estamos luchando y los correspondientes motivos. He de reconocer que he estado muy perdido con respecto a esto. Era como avanzar por avanzar, porque no te quedaba otra. Y este es otro escollo. Si vas a realizar un juego con mucha carga cinematográfica, al menos intenta que el guión sea atractivo desde el minuto uno. Es que ni siquiera resulta interesante el hecho de explorar los niveles en busca de coleccionables. Además resultan cuanto menos inútiles. ¿De qué me sirve inspeccionar una fotografía y su reverso si no comprendo nada? Al menos haz que el personaje realice un comentario de lo que está viendo.

En definitiva me queda la sensación de que, si no llega a ser por el impresionante acabado técnico, estaríamos ante un auténtico desastre. ¿Es un buen juego? Sí, pasa el corte justito. ¿Merece pagar lo que piden por él ahora mismo? No. De todas maneras, con estos títulos hay que tener cuidado de aquí al futuro. Basta ser que sea una rareza, o casi, para que luego se convierta en un título de culto y/o algo muy cotizado por los coleccionistas del mañana. Quien me iba a decir a mí que un truñazo infumable como mi Turrican de GameBoy iba a valer 200€ hoy día....

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