martes, 28 de abril de 2015

Postal 2 y el éxito de lo infumable


Me entero recientemente de que Postal 2, el famoso FPS dotado de dosis de violencia y estupidez a partes iguales, un juego de 2003, va a recibir un DLC. Y no contentos con sacar contenido descargable a estas alturas, encima hay que contar con la copia original, como si fuera un juego de esta época. Lo que me ha hecho reflexionar sobre la paradoja que siempre ha ido de la mano de este juego, considerado por muchos el peor de la historia (con permiso de ET de Atari). O al menos uno de los peores. Y es que ¿qué es lo que realmente hace que un juego triunfe?.


No descubro las Américas si afirmo que la "basura" vende. Y mucho, nos guste o no. Sólo hay que echar un breve vistazo a la programación de la TDT. Series "crepusculianas" (sin trio amoroso no hay audiencia) independientemente de la época a mostrar (aunque siempre queda más bonito si está ambientado en los años 40-50). Por supuesto, los realities a lo Gran Hermano de cualquier estupidez que se les ocurra. Como esa que recientemente arrasó, mostrando penes y tetas en ese supuesto paraíso terrenal. Y sin olvidarme de Tele5. Estoy convencido de que si llegara el día en que la cadena sufriese un corte de emisión, de unas 48/72 horas, aquí se lía la 2ª Guerra Civil Española. Y no sé si exagero mucho...

Este fenómeno, por suerte, no suele repetirse de manera tan aguda en el mundo de los juegos. El público que normalmente dedica tiempo a jugar, jugadores casuales incluídos, tiende a ser bastante más crítico con este sector que con la televisión. El hecho de encontrar una satisfacción de manera más inmediata, con una exigencia mayor cuando tenemos un pad (o teclado + ratón) en nuestras manos, hace que nos distanciemos en lo que a puntos críticos se refiere, a la hora de valorar la calidad. Se da por sentado de que lo que vemos en la tele, lo vemos porque es lo que hay, no podemos controlarlo. Además de que cualquiera puede ver la tele. Sólo basta con que pueda mirar.


Jugar es distinto. Implica una interacción más profunda hacia el consumidor, que quiere encontrar una pronta justificación en el tiempo que le dedica a jugar. Obviamente eso no quiere decir que en este mundillo no exista también la "basura". Simplemente la diferencia es que ésta suele ser debidamente repudiada, favoreciendo las obras bien realizadas. Haciendo un símil, sería como enterrar a "Sálvame" para que "Saber y Ganar" arrase en audiencia, tomando consciencia real y crítica de lo que ofrece un programa y otro. Entonces llegamos a ese punto donde puede juntarse lo deporable, pero que al mismo tiempo pueda satisfacer a las mentes pensantes, sin que por ello te sientas un garrulo (¿o si?). Es en ese momento cuando entra en escena Postal 2.

Aún recuerdo aquel juego funcionando en aquel Athlon de 1.5 Ghz. Las míticas Voodoo se quedaban desfasadas dando paso a las nuevas gráficas AGP, ya prácticamente asentadas en el mercado. Postal 2 venía con el Unreal Engine (no recuerdo exactamente qué versión de dicho motor) como principal carta de presentación en lo técnico, y prometía grandes dosis de violencia, casquería y humor. Pero el resultado fue lamentable. Las pantallas de carga eran eternas, con una optimización del propio juego prácticamente nula. La historia, si es que se la puede llamar así, consistía en ir cumpliendo misiones a lo largo de una semana. Empezando un lunes y acabando un domingo. La curva de dificulad aumentaba conforme lográbamos pasar de un día para otro. Y no era lineal, podías andar por donde te diera la gana haciendo el cabra.

Lo que pocos esperaban es que dichas misiones iban a consistir en los mayores disparates que se han visto jamás en un FPS. Recuerdo muy bien aquella misión donde teníamos que ir al supermercado a comprar una caja de leche. Sin más. Ese era todo el objetivo. O ir a mear a la tumba, si no me falla la memoria, de tu propio padre. Teníamos la habilidad de mear sin parar. Ibas por la calle meando a todo el mundo si querías. La verdad es que el juego era terrible. Y eso que yo soy muy fan del humor absurdo. Pero no aguanté mucho, la verdad. Lo dejé en una misión donde quedábamos atrapados en una iglesia, y al salir nos esperaba una invasión de árabes con turbante armados con AK-47 de manera apabullante. No sé si era miércoles o jueves (la fase), el caso es que ya no pude más, me superaba. Me hizo una pizca de gracia al principio pero luego se me hizo muy cansino.


Tiempo después, cual es mi sorpresa, que familirares y amigos jugaban también a Postal 2. Incluso años después he conocido a compañeros de trabajo que, si les dices "Metal Gear" no sabes de qué hablas, pero con "Postal" se les abre los ojos como platos. Es increíble la cantidad de gente que conozco que me confirma con pelos y señales que jugó en su día a Postal 2. Y que si pudieran (bueno de hecho, poder pueden perfectamente a día de hoy) volver a jugarlo lo harían encantados. No sé si sería esa libertad de hacer las perrerías que te diera la gana con cualquier transeúnte, el gore descomunal (aunque hoy con esos gráficos dan más risa que otra cosa), o el posible sentir de alguno en su cabecita pensante de hacer lo que a lo mejor siempre quiso hacer en la vida real, y lo disfrutó a esos niveles con un juego.

Arrancarle la cabeza a uno con una pala, mear en tumbas, bañar en gasolina y quemar después lo que te encuentres por el camino... todo sin censura, buscando la polémica fácil. Esas son las bases de Postal 2, y ese es, presupongo, el secreto de su éxito. Porque he llegado a la conclusión de que Postal 2 fue un éxito. No de crítica, pero sí del público. El boca a boca lo hizo así. No se explica de otra manera que hace escasos días anunciaran un DLC, teniendo en cuenta que existe Postal 3. Queda claro que en la mente colectiva ha quedado grabado a fuego esta segunda entrega, oda a la estupidez y al mal gusto. Pero sin embargo consiguió realizar las frikadas soñadas por muchos en aquel momento, dejando un buen recuerdo (o al menos UN recuerdo) de lo que fue aquel juego, aquella inconmesurable basura convertida en juego que, de manera increíble, tanto encandiló a una buena parte de jugadores. Y es que, como he dicho al principo, la basura, nos guste o no, vende.


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